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Brujería y Hechiceria - 4ª Parte
29.10.2007. 00:00
Brujería y Hechiceria - 4ª Parte.
La Hechicería como delito en América.
América es un lugar perfecto para la existencia de hechicería. Los aspectos que se conjugan para el aparecimiento de casos en los tribunales son evidentes. Las culturas americanas, pese a sus diferencias étnicas y socioeconómicas, poseían un común denominador, que era su religiosidad. No todos tenían los mismos dioses, ni adoraban con la misma intensidad a las fuerzas de la naturaleza, sin embargo, todos poseían un respeto hacia lo misterioso del mundo, y junto a esto, idead claras de cómo se podía llegar a conocer y bien utilizar las potencialidades de ese otro mundo sobrenatural. Las prácticas hechiceriles se confunden, bajo la óptica del español, con las prácticas religiosas, relegando estas a meras manifestaciones demoníacas. La comprensión de la idiosincrasia de cada una de las culturas prehispánicas fue mínima, y las interpretaciones eurocentristas fueron mayoría.
Los europeos de la época, más que nunca, tenían nociones bien delimitadas y opuestas entre las ideas de mal y bien, cielo y tierra, humano y divino, pecado y salvación. La moral cristiana era una estructura de comportamiento tremendamente “puritano”, aunque en la práctica no hubiesen sido tales. Sin embargo, las instituciones reales debían velar por el cumplimiento de estas normas de buen convivir, basadas en el sentido común del cristiano, donde la naturaleza en sí representaba una amenaza a la naturaleza espiritual /racional del ser humano, y sobre todo del hombre. Una mentalidad masculina, donde todo lo perteneciente al ámbito de la masculinidad eran los principios básicos de la dignidad humana.
El delito de hechicería fue recurrente en América, pues pese a que la conciencia europea estaba asomándose a la visión laica y científica /racional del universo, aún persistía en ellos la idea de la naturaleza, y con ella, de la mujer, como poseedoras de conocimientos ocultos y extraños poderes inexplicables, pero bajo ningún punto de vista abarcados por el Dios bueno, claro y creador. Por otra parte, las prácticas hechiceriles, en especial relacionadas con los encuentros románticos, eran tremendamente comunes, más aún en una sociedad donde el rol social de la mujer era silenciado por las autoridades poderosas, dándoles a las mujeres escasas posibilidades de un desarrollo como personas, y dejándolas bajo la tutela constante de un hombre. En este sentido, toda mujer que se alejaba del rol de madre /esposa, y que se le viera frecuentando amistad con indígenas, o que fuera de plano una mujer mestiza o indígena que no se adaptara como correspondía a su nuevo rol social, podía ser sospechosa del delito de hechicería y eventualmente de brujería.
La Hechicera como fenómeno social.
Como hemos visto hasta aquí, la hechicería en América es un constructo producido a partir de las escalas de valores y la aplicación de leyes europeas en América, a través de los tribunales de justicia y los tribunales eclesiásticos. Como fenómeno u objeto de persecución, es e aparición post-españoles. En este sentido, podríamos decir que todo lo que se contrapuso con la idea patriarcal y masculina de la religión y las leyes españolas, fue motivo de persecución. La religión cristiana no daba espacio para nada legítimo dentro del ámbito de lo espiritual, que no fuera parte de los propios ritos religiosos cristianos. El papel de la mujer en esta estructura se vio en desmedro de la figura honorable del hombre, padre de familia o guerrero.
Las virtudes masculinas eran la máxima expresión de la humanidad, y el enfrentarse a cualquier otra escala de valores significó dejar como subordinado todo lo que no adhería a esta concepción moralista masculina. Así vemos aparecer el factor femenino, la hechicería, la brujería, aunque nos olvidamos de las estadísticas y los casos, donde se nos deja en claro, que, pese a la mayoría de mujeres hechiceras, los había hombres, que cumplían otro tipo de papeles, ya que no era posible identificarlos con los hombres ni tampoco como una mujer. Es el caso de los machi. Su poder y su injerencia dentro de una sociedad era amplio e irrebatible, más fueron vistos por los españoles como aberrantes y deformados. La brujería cumple un rol social esencial, ya sea de equilibrio o de desequilibrio; depende de la perspectivas con que se mire.
Montserrat Arre Marfull
Licenciatura en Historia
Universidad de Chile
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