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Dinosaurios - Teoria del Caos

06.10.2007. 04:38

Aplicación del concepto de "Borde del caos" y de la Teoría del Caos al estudio de la extinción.  

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La teoría del caos, conocida más ampliamente como teoría de la complejidad, se ha asociado tradicionalmente con campos como la matemática y la física, pero realmente es una teoría multidisciplinar que se puede aplicar a los campos más diversos: Biología, Medicina, Economía…sin olvidar por supuesto sus aplicaciones principales en las disciplinas anteriormente mencionadas.
Su base es sencilla. La teoría de la complejidad sostiene que los sistemas complejos (tales como los organismos vivos, las empresas, o los sistemas meteorológicos) guardan entre ellos similitudes, semejanzas entre sus comportamientos. Por tanto, hay rasgos comunes entre los sistemas complejos de la más diversa procedencia. Y, de hecho, estos comportamientos no se pueden describir por acciones aisladas de sus componentes, sino que lo que produce esos comportamientos son interacciones espontáneas entre todos los componentes del sistema. El comportamiento simplemente ocurre, no es fruto de una estrategia o plan. A ese tipo de comportamiento se le denomina autoorganizativo.

Hay muchos tipos de comportamientos autoorganizativos, como por ejemplo la formación de cristales de mineral o la misma formación de los seres vivos (de eso hablaremos más adelante), pero dos son básicos en el estudio de la extinción desde la óptica del caos: la adaptación y la manera común que tienen todos los sistemas complejos de buscar un equilibrio entre la necesidad de cambio y de orden. Lo que conocemos por el borde del caos.

Concebimos el borde del caos como un espacio donde hay bastantes innovaciones para que un sistema permanezca vibrante pero donde también hay suficiente estabilidad para impedir que caiga en la anarquía. Es, evidentemente, una zona de conflicto, dónde lo viejo y lo nuevo están en lucha constante. En ese espacio es donde los sistemas complejos deben buscar el punto de equilibrio mediante la adaptación. Cuando no hay punto de equilibrio por exceso o por defecto es cuando se produce la extinción del sistema. La falta de cambio lleva a la extinción, pero también el exceso.

Sobre la adaptación no hay mucho que decir. Es un fenómeno que se da constantemente en todos los sistemas complejos: las empresas se adaptan al mercado, los animales en cautividad al suministro de alimentos, y un sinfín de ejemplos; posiblemente la máquina de adaptación más perfecta sea el ser humano. O mejor dicho, su cerebro, capaz de adaptarse a prácticamente todas las nuevas situaciones que van surgiendo en la vida.

Porque, desde luego, la vida sólo se desarrolla al borde del caos. Y, por tanto, si damos esta noción como cierta, es igualmente obvio que la extinción supone el alejamiento o sobrepaso de ese borde. Ergo el fenómeno de la extinción guarda una estrechísima relación con el borde del caos.

Ahora pasemos a considerar cifras.

En este momento conviven en la Tierra, mas o menos, cincuenta millones de especies entre plantas y animales (incluyendo las formas de vida microscópicas). Nos puede parecer una enorme diversidad, pero si la comparamos con la diversidad de vida que ha habido en la Tierra desde que comenzó la vida (3,8 mil millones de años) descubrimos que no es más de un grano de arena en una playa. Actualmente se calcula que en la historia de este planeta, contando los mismos tipos de seres vivos que en los recuentos actuales, han pasado cincuenta mil millones de especies.

Estadísticamente hablando, sin considerar los períodos en la que cada especie vivió y murió, lo más inmediato que se desprende de estas afirmaciones es lo siguiente: actualmente, solo una de cada mil especies está viva. Lo que quiere decir que el 99,9% de las especies que alguna vez han pasado por la tierra están ahora extintas. No es muy alentador.

También debemos considerar el hecho de que según parece, el promedio de vida de una especie se reduce a unos cuatro millones de años por término medio, un millón de años en el caso de los mamíferos. Las especies surgen, pugnan y decaen en ese plazo por término medio.

Otro dato es que desde la formación de la Tierra ha existido vida prácticamente todo el tiempo. Este planeta se formó hace cuatro mil seiscientos millones de años, y existe vida desde hace 3,8 mil millones de años. La vida en la tierra surgió muy, pero que muy deprisa. Sobre todo considerando que la forma de vida más simple conocida, la considerada primera forma de vida en la tierra, la bacteria tiene dos mil enzimas. Según diversos estudios, las dos mil enzimas de la bacteria, sumergidas en un caldo de cultivo semejante al que existía en la Tierra en aquellos lejanos días, hubieran tardado en concurrir por azar cuarenta mil millones de años (en la consideración más conservadora). Es decir, si la vida fuera fruto del azar, el planeta estaría desierto.

En definitiva, el que escribe estas líneas se adscribe a las teorías que afirman que la vida en la Tierra está marcada por un ritmo de extinción continuo y estable. Todas las teorías que circulan por ejemplo, acerca de la extinción de los dinosaurios, la llamada extinción en el límite K-T, no dan cuenta de todas las variables, sobre todo si sopesamos que lo único que nos queda para estudiar concretamente el caso de los Dinosauria (así como todos los demás casos de extinciones en épocas geológicas tan pretéritas) son huesos y fósiles de diversa procedencia sobre los que hacer suposiciones. No tenemos nada para verificarlo; de hecho, y en base a esto, la extinción podría no ser en absoluto un tema científico. La rodean demasiados misterios, y sus leyes reales siguen siendo un enigma.

Pero se han hecho algunas sugerencias interesantes.

El primer nombre que hay que citar aquí, obviamente, es el de Darwin. En 1859, El origen de las especies cambió el paradigma de la ciencia. Darwin afirmaba que las especies no sólo evolucionaban, sino que además, los fósiles gigantescos (ya se habían encontrado los primeros huesos de dinosaurio alrededor de 1800) desenterrados pertenecían a los predecesores de los animales actuales. Hasta el momento se creía que los animales sí se extinguían (Cuvier), pero que no evolucionaban. Darwin aunó los dos conceptos. Pero recordemos que el interés por el estudio de la extinción no surgió hasta los años setenta. 1970, no 1870.

El segundo descubrimiento fue la confirmación científica de que cuando las primeras plantas y las primeras bacterias que realizaban fotosíntesis produjeron oxígeno por primera vez, hace unos tres mil millones de años, el 90% de la vida existente en aquella época fue aniquilada. La concentración de oxígeno en la atmósfera llegó al 21%. La atmósfera terrestre se convirtió en puro veneno para casi todas las especies de la época. Sólo el 10% sobrevivió.

Hace menos tiempo, Luis Álvarez y su equipo descubrieron altas concentraciones de iridio en rocas procedentes del famoso límite K-T. Plantearon la no menos famosa teoría del meteorito que acabó con los dinosaurios.
Finalmente, el último aporte importante sobre la extinción lo constituye la tercera glaciación, que barrió los tigres y las jirafas de Europa y América del Norte. Eso sin contar la predación excesiva realizada por nuestros antepasados de la época.
¿Qué tiene que decir la teoría del caos a esto?. Pues la verdad es que bastante.


No cabe duda de que la vida es el resultado del comportamiento autoorganizativo más perfecto que existe. Desde luego, parece a todas luces que la vida genera su propio orden.

Consideremos, sin ir más lejos, la perfección intrínseca que existe en la formación de un solo ser, un ser humano por ejemplo. En el crecimiento intrauterino, dicha formación es perfecta (hablando en términos generales, es obvio que algunas veces se producen malformaciones). Justo en el momento que el organismo requiere un sistema circulatorio, el corazón empieza a bombear. Justo cuando se necesitan hormonas, se producen hormonas. Es perfecto. Mucho más perfecto que la actividad humana más perfecta. En el interior del embrión humano (y obviamente en los de todos los seres vivos), este proceso se repite igual para todos los miembros de la especie (hablando, repito, en términos generales). La conclusión más obvia es que la vida se autoorganiza. De hecho, es la forma de autoorganización más perfecta que hay. Y este principio de autoorganización incluye incluso como surgió la vida tan rápido en este planeta; antes vimos el ejemplo de las dos mil enzimas. Es un claro ejemplo de autoorganización. El azar resulta demasiado lento. La vida tiene su propio orden interno. Sino, la vida en la tierra sencillamente no se puede explicar. Así de claro.

Además, conviene tener en cuenta que la autoorganización no es una propiedad exclusiva de la vida; pongamos como otro ejemplo clarísimo de comportamiento autoorganizativo la cristalización. Tenemos un líquido dónde las moléculas se mueven al azar, y de pronto tenemos un cristal perfectamente formado, donde no solo las moléculas se disponen según un orden, sino que además es muy semejante a otros cristales. Nadie controla el proceso. Nadie interviene. Simplemente ocurre. Y además ocurre muy deprisa. El cristal se autoorganiza; la vida también. Hablando filosóficamente, podríamos decir que la vida se cristaliza en los seres. Otro ejemplo es la molécula de hemogoblina, que se pliega para interactuar con el oxígeno. Podemos crear una molécula de hemogoblina, pero no sabemos como plegarla. Bien, pues no hace falta, porque una vez creada, la hemogoblina se pliega sola. Comportamiento autoorganizativo puro. Por tanto, el que suscribe afirma que la vida surge en base a la autoorganización. La vida genera su propio orden, que son (somos) los seres vivos.

Ahora bien, los comportamientos autoorganizativos también pueden tener el efecto contrario. Pueden llevar a una especie a la decadencia, y provocar rápida o no tan rápidamente la extinción. La clave es el comportamiento y la adaptación.

Todos sabemos que nuestro planeta es un entorno activo; volcanes, movimientos de tierra, climas que cambian, etc.; los organismos se adaptan a esos cambios sin cesar. Los mejores organismos son los que mejor se adaptan, y son los que sobreviven frente a los más débiles que caen. Todo el mundo conoce esta afirmación. Ahora veamos lo que encierra.

Ciertamente, nuestro planeta es un entorno cambiante. Esta afirmación encierra más significado del que parece a simple vista. Si pensamos por ejemplo en la extinción en el límite K-T , la que acabó con los dinosaurios, el significado intrínseco de esta frase parece hacer tambalearse a la teoría del meteorito. ¿Cómo puede haber sido un meteorito que chocase contra la tierra y alterara el hábitat natural de los dinosaurios tapando el sol con polvo estelar, bajando las temperaturas, etc. la causa del fin de estos grandes animales, si de todos modos la Tierra está en cambio constante y los dinosaurios llevaban millones de años adaptándose a cambios de índole parecida (volcanes, terremotos, inundaciones, etc.)?. Es decir, ¿Cómo puede ser una catástrofe externa a los propios animales la causa de su extinción si de todas maneras llevaban muchísimo tiempo adaptándose a situaciones parecidas?.

Además, existe un fenómeno claramente identificado y que aún hoy sigue siendo un misterio paleontológico. Parece ser que cuando sucede una catástrofe natural, entendida como un cambio radical en las condiciones de vida y los hábitat naturales de las especies, éstas no se extinguen de forma inmediata, sino que capean el temporal y se extinguen después, cuando todo ha vuelto a la normalidad, a como era antes de la catástrofe. Eso fue lo que sucedió con la tercera glaciación. Así desaparecieron las jirafas y los tigres de Norteamérica. El fenómeno se conoce como Debilitamiento de la Cabeza de Puente.

Estos datos parecen afirmar la idea de que las catástrofes naturales por sí solas no dan explicación al fenómeno de la extinción. Hace falta algo más.
La segunda parte de la afirmación anterior es esencialmente cierta. Pero ¿dónde está la clave entre lo que es buena adaptación y mala adaptación? ¿por qué unas especies se adaptan bien y otras no?
La clave es el comportamiento. Y eso afirma la idea de que así como la vida se produce en base a un comportamiento autoorganizativo y al borde del caos, con la extinción sucede lo mismo.

Autoria: ( Miguel Menéndez. Técnico superior en Integración Social, y apasionado de la ciencia por libre )

1

sabrina on 09.06.2009. 16:50

hola esta bueno

2

Daniel on 02.06.2009. 21:24

Tu comentario es interesante y adhiero completamente a la "vision" del caos, pero por otro lado creo que es muy difícil poder elaborar una teoría bajo dicha interpretación (por tal motivo utilizo la palabra "visión" o "interpretación" y no teoría)dado que no podemos conocer absolutamente todas las condiciones imperantes en la tierra, por ejemplo, en la época de los dinosaurios y mucho menos poder poner en contexto un fenómeno que fue determinante en la evolución de la especie aunque imposible de poder predecir con una teoria como fue la caida del meteorito en Yucatan (un fenómeno absolutamente tangencial!!): de acuerdo a mi forma de interpretar las cosas, la teoría (en general) nos brinda una aproximación a la realidad (que se basa en la regularidad de los hechos) y realmente estoy convencido que la "irregularidad" de los sucesos es el mecanismo enriquecedor de la naturaleza (y tal vez de Dios...).

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